1. Revisá el drenaje
Después de una lluvia, observá si el agua se acumula en alguna zona o permanece demasiado tiempo en las maceteras. El suelo saturado puede reducir el aire disponible para las raíces y favorecer problemas de pudrición.
Revisá que los desagües, canaletas y orificios de las macetas estén libres. Si el agua se concentra siempre en el mismo punto, puede ser necesario evaluar la pendiente y el sistema de drenaje del jardín.
2. Ajustá el riego
Antes de volver a regar, comprobá la humedad del suelo. Si sigue húmedo, agregar más agua puede aumentar el riesgo de encharcamiento.
La frecuencia adecuada depende de la especie, el sustrato, la maceta, la luz y la cantidad de lluvia recibida. No uses un calendario fijo como sustituto de observar la planta.
3. Observá hojas, tallos y brotes
Revisá con frecuencia si aparecen manchas, hojas amarillas, tejidos blandos, insectos o cambios repentinos. Detectar una señal temprano permite separar una planta afectada, mejorar la ventilación y pedir orientación antes de aplicar un tratamiento.
4. Cuidá tus maceteras
Colocá las maceteras en un lugar donde puedan drenar sin quedar sumergidas. Si una planta requiere protección de la lluvia, movela a una zona luminosa y ventilada, sin cambios extremos de luz.
5. Mantené el jardín limpio y ventilado
Retirá hojas y restos vegetales que permanezcan húmedos durante varios días. También evitá que las plantas queden demasiado juntas si eso impide que el aire circule.
Checklist rápido
- ¿Hay agua acumulada después de la lluvia?
- ¿El sustrato sigue húmedo antes de regar?
- ¿Hay manchas, insectos o tejidos blandos?
- ¿Las maceteras tienen orificios libres?
- ¿Las plantas tienen espacio para ventilarse?

